Día 97: La maldición de la abundancia.

No sé si los griegos escribieron algún drama en torno a lo que voy a describir, pero no hubiera estado nada mal. Al ser humano del siglo XXI le ha caído todo el peso de una maldición similar a la de Edipo Rey y necesitamos urgentemente consejos para romperla. Y lo curioso es que nuestra maldición es algo, a priori, bueno: vivir en la abundancia.

La capacidad del hombre moderno de hacer y deshacer con su vida es, por un lado, genial; pero, por otro, una maldita maldición.

Si te paras a pensar, nuestros abuelos escogían muy poco a lo largo de su existencia. Su oficio solía ser el de sus padres: el que nacía cabrero, seguía esa línea de negocio. La gente habitaba en el mismo exacto pueblo donde le habían dado a luz. Y uno se casaba con una de las cinco mozas casamenteras de la Aldea.

Eran vidas apacibles y sencillas. Desde luego, uno elegía mucho menos que ahora pero, curiosamente, estaban perfectamente adaptados a ello. La depresión y la ansiedad eran rarezas, reservadas precisamente a gente con posibles.

En el siglo XXI, sin embargo, ¡todo es posible! para el hombre y mujer del Primer Mundo. (Lema indiscutible de las zapatillas Nike, por cierto). Y, sin embargo, tres de cada diez personas están emocionalmente hechas polvo; los psicofármacos son los segundos fármacos más vendidos; y el 80% de las personas afirma padecer estrés.

Houston, tenemos un problema, ¡y no está ahí lejos en el firmamento! El lío está en nuestra mente. ¿Qué demonios ocurre? Nada más y nada menos que un fenómeno mental al que llamo “la maldición de la abundancia”.

Tener muchas opciones mola. Pero, con tanta opción, la computadora que tenemos en la cabeza se gripa. Y todo ese cúmulo de deseos acaba convirtiéndose en la principal fuente de dolor.

La culpa la tiene nuestra tendencia a transformar deseos –legítimos e inocentes– en feas necesidades, obligaciones y cargas. ¡Un día nos imaginamos como actores de Hollywood y, acto seguido, nos consideramos un fracaso por no haber llegado allí! De niña soñamos con ser madre y ahora estamos deprimidas por no poder tener hijos…

Por arte de birlibirloque, en vez de muchas oportunidades, lo que tenemos ahora es una carga asfixiante de autorreproches, esfuerzos rabiosos e insatisfacciones punzantes. La vida se transforma en un valle de lágrimas, un pozo de ansiedad sin fondo.

Pero, aunque parezca mentira, toda maldición se puede romper. Y la maldición de la abundancia se quiebra con educación filosófica, en valores, psicológica o como la quieras llamar, incluso espiritual.

Las personas podemos aprender a desear pero no necesitar. A tener objetivos pero no obsesiones. A trabajar pero no luchar. Si llego a Hollywood será genial, pero si no sucede: ¡pues que me quiten lo bailao!

Hoy en día vivimos cargados de necesidades inventadas. Ser una persona decente nunca había sido tan difícil. Para salir a la calle tienes que: tener estudios, buen empleo, ser elegante, extrovertido, estar al día, haber viajado, saber idiomas, tener muchos amigos, un piso en propiedad, pareja –una gran pareja–, grandes vacaciones, estar sano, estar delgado… ¡Y diez mil cosas más! Y si no cumples con alguno de esos requisitos mínimos: eres un gusano, un apestado, peor que Edipo.

Yo ya paso de todo eso. Con las armas prestadas por Tolstói, Gandhi, Epicteto y el resto de la banda de los pacifistas, ecologistas, artistas y felicistas, me declaro en huelga de necesidades y obligaciones. Usaré mis posibilidades, pero no las elevaré al altar de las deidades. La vida es demasiado corta y lo realmente bueno es siempre simple y fácil.

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Basado en un artículo de Rafael Santandreu sobre el que no puedo estar más de acuerdo.

Día 84: La calma.

Ese es mi objetivo. Una nimiedad, vamos.

Malditos objetivos, que siempre tengo que tener alguno en mente, en vez de vivir en paz. Ya empezamos con las contradicciones.

El hecho en sí de tener un objetivo ya me hace perder la calma….odio los objetivos. Implican plazos y autoevaluaciones, y lo que quiero es paaaazzzz.

Me gustaría saber si a todo el mundo le pasa lo mismo o me ha tocado en la rifa una mente que hace teorías de todo (eso me dice mi hermana).

Seguramente dejar fluir los acontecimientos da más calma pero a mí me da por hacer una tesis con todo. Eso no ayuda nada a “mi objetivo”, pero así soy. Aceptación.

Por otro lado, lo mismo que tengo esta tendencia a teorizar, también tengo otra tendencia innata, que es una gran ventaja en el tema que nos ocupa hoy. Y es que todo me importa un pimiento, no me gusta esta expresión pero es la única decente que se me ocurre. Es una tendencia al pasotismo que me acompaña desde que nací y afortunadamente contrarresta bastante mis demás neuras variadas.

Además, como ya sabéis, estoy aprendiendo mucho últimamente. Es más, creo que me he documentado incluso demasiado… Así que no me extraña que la teoría se me salga por las orejas.

Podría engañarme a mí misma, que también se me da muy bien, y creerme que estas teorías son para ayudar a la humanidad, (una vez solventado el pequeño y nada pretencioso inconveniente de que la humanidad me escuche,claro)… y quedarme tan feliz Y EN SUPERCALMA, que tener la conciencia tranquila no tiene precio. He ayudado al mundo!!!

Pero eso es hacerme trampa a mi misma… y no llego a tal extremo de gilipollez, de momento.

Me he querido volver un ser espiritual en 2 días, igual que todo lo que hago en mi vida.

La primera vez que cogí unos patines me los puse y ya salí patinando directamente, sin aprender, y lo que es peor, sin practicar. Otro día dije, me apetece pintar un cuadro,… y pinté Las Meninas. Lo gracioso es que no me quedó mal, ni tampoco me caí demasiado con los patines. Pero eso hago con todo. No hay término medio. Resultados ya!

Pues va a ser que cuando se trata del espíritu, no hay atajos.

No puedo pasar de ser una neurótica a la calma total, por mucho que me haya leído todos los libros al respecto y toda la teoría de todos los autores de todos los tiempos en 2 meses.

Lo he asimilado, e incluso me atrevería a decir que lo he entendido, y ya sé lo que quería saber y a lo que quiero llegar.

Ahora el cuerpo me pide práctica. Y el universo me pondrá en situaciones para que practique. Seguro.

A ver, el Yoga me ha ayudado mucho y por supuesto que en el tema “calma” , mis avances son gigantes. Y esto me sale solo. No es otra de mis teorías.

A veces me puedo convertir en un “observador externo de la situación”. Eso me encanta. No me implico en situaciones en las que hace un año hubiera sido Juana de Arco, por ejemplo.

Y no me refiero a situaciones “externas”, en las que esté yo presente pero no se me vaya la vida en ello. Que antes también me implicaba en esas situaciones que deberían darme igual, donde hubiera movida allí estaba yo con el hacha de guerra.

Me refiero a que consigo no implicarme en situaciones realmente importantes en mi vida. En vez de reaccionar, observo. Y acepto. Y mantengo la calma. Eso no quiere decir que no haga nada ni tome medidas al respecto, pero desde la tranquilidad y “viendo (o sintiendo) más de lo que se ve a simple vista”. Aaaah…ahora tengo poderes… bueno, todos los tenemos pero hay que entrenarse. A cada uno le costarán más unas cosas que otras. Pero al final se aprende.

Con el yoga me estoy volviendo mucho más elástica física y mentalmente.

Ayyynnsss… La calma. “Nos estamos conociendo”, como dicen las famosas, y me cae muuuuyyyyy bien.

Me acuerdo de la otra “amiga” que tenía antes. La ansiedad. Era una… bueno, el corrector no quiere ponerlo, yo por mi lo pondría. Pues es tan… puñetera que le ha sentado fatal que ya no quiera saber nada de ella, y de vez en cuando viene a verme a traición. No le abro la puerta pero no me gusta que esté ahí fuera porque la intuyo. Vais, vais.. mala pécora!

Me queda mucho por delante. Pero a partir de ahora creo que va a haber menos teoría y más práctica.

Espero que el universo cuando me haga las prácticas, no me ponga en un incendio o algo así con mi nueva amiga, que ya me veo que desalojan, y la calma y yo tan tranquilas como 2 felices tizones.

Pues nada, yo contando mis progresos y desvaríos a la 1 de la mañana, porque con lo del cambio de hora estoy cual búho. No me gusta nada, no sé por qué tardo tanto en acostumbrarme. Y tampoco entiendo por qué nos tienen que marear de esta manera…. gggrrr… keep calm, habíamos dicho.. Vaaale..

Me acuerdo de mi abuelo, que no le daba la gana de cambiar la hora y seguía con el horario de siempre. Nunca la cambió. Seguía acostándose y levantándose a la misma hora. La suya. Y comiendo también…, esto ya sería un problema en su casa, digo yo. Pero el hacía lo que quería y no lo que le decían que había que hacer. Libre total vivió. Yo también quieroooo..

A ver, mi situación no es la misma, pero se puede intentar. Además hay que valer para vivir libre. Yo creo que sí que valgo… por lo menos genética y afortunadamente voy bien servida por todos lados.

Día 24: Cómo “gestionar” el estrés o cómo llamarte tonto a la cara.

Tan tranquilamente estaba yo hojeando una revista de esas absurdas pero muy entretenidas y de pronto me encuentro con un artículo firmado por un medico: “Cómo trabajar bajo presión”.

Lo que son las cosas, hace un año lo hubiese leído cual artículo de autoayuda, y hoy, sólo ver el título me hierve la sangre.

Igual es que tengo un trauma con el temita y soy especialmente sensible. Pienso, voy a leerlo con calma y con toda la perspectiva y objetividad de la que sea capaz. Porque no sé a los demás, pero a mi ya me parece que la idea en sí, es tipo, como hacer el pino puente con una pierna rota. Y además debe usted agradecernos que le rompamos la pierna porque tiene más mérito aprender a hacer el pino puente lisiado.

Bueno, bueno, calma, que estoy al principio de mi proceso de cambio y arrastro paranoias todavía….igual tiene razón el médico del artículo, y por ende, el mundo en que vivimos, que más o menos lo acepta como normal.

Vaya por Dios, mira que lo intento, pero ya empieza diciendo en el “competitivo mundo laboral es cada dia más apreciada la capacidad de trabajar bajo presión”.

Competitivo…..en mi humilde opinión esto ya es un error de base. No entiendo por qué nos educan desde niños en la competitividad en vez de en la colaboración. ¿Estamos en la guerra acaso?…Un poquito de sentido común, si en vez de observar sólo tu metro cuadrado a la redonda amplías la perspectiva, no es difícil ver que lo que triunfa y evoluciona, en este planeta por lo menos, es la colaboración, no la competición (ya sé que no es lo mismo exactamente competitividad que competición, pero en su significado etimológico tienen la misma raíz, es decir, el mismo perro con distinto collar). Pues yo esa actitud la veo ANTINATURA y no pienso jugar a eso nunca más en la medida que pueda.

Y ya casi me da la risa por no llorar cuando leo los síntomas de la ansiedad, que se supone que es el “estrés mal gestionado”. Los síntomas ya los sabe todo el mundo, asi que no me entretengo en eso, a quien le interese saber más que busque en San Google, porque hay millones, cada vez hay más enfermedades psicosomáticas, lo cual debería hacernos reflexionar, pero yo ahí no entro, aunque entiendo del tema.

A lo que voy es que si tienes esa ansiedad porque “no has sabido gestionar el estrés”, la culpa encima la tienes tu, ese es el mensaje. Ya entras entonces en barrena, estás enfermo, te encuentras fatal, y encima la culpa es tuya. Eso si te creen, porque lo mismo te lo estás inventando, porque como encima no llegas a tus objetivos, pues resulta que es una excusa que les pones a tus jefes.. Que lo último que quieres es disgustarlos, no vaya a ser que no vayan a tu entierro cuando te mueras de un infarto.

Pero no os preocupéis, o dicho en el lenguaje corporativo,¡¡ no seais negativos!!…cuidado aquí, eh?…que a la minima te dan un cursillo motivador para que salgas como nuevo, fuera del horario laboral, por supuesto, pero ya sabes, quien algo quiere algo le cuesta, y con 2 frases de autoayuda de esas de servilleta pues asunto arreglado. No vaya a ser que encima le contagies tu actitud negativa a tus compañeros….

En serio, esta pantomima ¿es necesaria?, ¿se lo cree alguien de verdad?..Pues si, en mi caso conozco muchos que se lo creen, o se creen que se lo creen. Pobres.

Pero calla, calla, que ahora viene lo mejor del artículo, si es que es cuestión de ACTITUD hombre, cambiándola superaremos cualquier tipo de estrés y/o ansiedad. Voy a poner algunos ejemplos de lo que nos recomiendan , y que cada uno piense lo que quiera. Yo también, por supuesto:

-Tener siempre una actitud positiva .

Si ya os lo había dicho yo, jajaja, esta la he adivinado y todo.

-Tener siempre buenas relaciones con los compañeros.

Incluído el que te pisotea para colgarse tus medallas, eh?…esto quita mucho estrés, si,

-Relacionarse bien con los superiores.

Supongo que se referirá a los que se relacionan (bien o mal) contigo…al fin y al cabo te pagan, les debes la vida a ellos.

Dormir 8 horas diarias.

Ni se te vaya a ocurrir dormir una menos por alguna nimiedad tipo ERE, bajada de sueldo….

-Realizar deporte los fines de semana.

Lo de los fines de semana “ma matao ya”. Es que me parto.

-Saber desconectar en festivos y vacaciones.

Muy importante. Si te llama tu jefe o te manda un wasap, NO LO OIGAS NI LO VEAS. Tu, happy por la vida, que es tu tiempo libre.

Bueno, pues ya sabemos cómo trabajar bajo presión, aunque a veces oigo una vocecilla lejana que me sugiere que en vez de COMO TRABAJAR CON PRESION…igual deberíamos TRABAJAR SIN PRESION, pero como algo aceptado socialmente, algo innato, algo que se dé por hecho, no una idea descabellada…no sé es eso, una idea, pero me da a mi que no está muy socialmente aceptada o no conviene a algunos. Los que te pagan un sueldo de mierda, se creen que tu vida es suya y se aprovechan del miedo que tenemos a quedarnos sin trabajo.

Pues es peor el miedo que el hecho en sí, yo en mi caso, liberada y feliz estoy. Pero entiendo que muchos pensarán que soy una loca irresponsable, pero soy LIBRE.

Y como colofón del artículo, nos recomiendan seguir encarecidamente estos consejos, porque en “algunos casos”, la ansiedad se puede hacer tan intensa y persistente que puede INCLUSO AFECTAR A NUESTRA CAPACIDAD LABORAL (Oh, Dios mío, eso es lo último que debe pasar!) y entonces, adivina qué ….pues es cuando el trabajador debe recibir ayuda psicológica y farmacológica, por no decir psiquiátrica.

Uséase, nos dopan hasta las cejas, y seguimos produciendo, pero como no pensamos pues asunto arreglado,no?

Mi atrevida e inconsciente reflexión final:

Sólo se vive una vez (creo), deberíamos plantearnos menos cosas, tener menos miedo, saber con quién queremos estar y qué es lo que realmente queremos hacer, qué nos gusta. Sobre todo no vendernos. Ya sé que los cambios a priori dan mucho miedo… pero os aseguro que nunca se sabe lo que es peor y lo que es mejor durante el trayecto, y como al fin y al cabo vamos todos al mismo sitio, creo que si somos honestos con los demás y con nosotros mismos lo demás “se nos dará por añadidura”.

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