Día 104: Mis nuevos sentidos.

Desde que he vuelto de la playa estoy escribiendo menos…es como que no me lo pide el cuerpo.

Es raro, pero creo que estoy pasando a otra fase.

Dicen los escritores de verdad que la inspiración les llega en momentos turbulentos, bueno, no sólo los escritores, también los cantantes, pintores…cualquier manifestación “artística” florece en los momentos en los que el espíritu no está tranquilo.

Mi padre, que es un gran artista, entre otras cosas “socialmente más exitosas” pero que nos importan una mierda (perdón), dice que le “dan brotes”. Y es verdad, de pronto le da por un tema, sea pintura, collage, escultura o cualquier rareza sin nombre (de las que tiene varias y darían para escribir un libro por cierto), y oye,no hace otra cosa. Compulsivamente se dedica a la locura que toque durante el brote hasta que se le pasa y luego ya no hace nada más sobre el tema hasta que se le ocurre otro (o el mismo, porque hay algunos recurrentes y otros puntuales) dentro del tiempo que sea.

Bueno, pues a mi me está pasando algo parecido ahora. No siento la necesidad de escribir, es como que estoy en paz conmigo misma. Porque creo que a veces escribía, sobre todo en este blog, para autoconvencerme en algunos casos y en otros casos para gritar al mundo que algo no va bien.

Pero ahora es como que siento que todo está bien. Puede ser que haya influído el contacto con la naturaleza en estado puro. El sol, el mar, el cielo….momentos a los que antes no prestaba atención. No veía el color del mar ni del cielo. Cómo cambian. El sonido de las olas no lo oía tampoco. Ni siquiera notaba el calor del sol a no ser que “me pusiera a tomarlo conscientemente”.

No prestaba atención a nada de eso. Pues si vas a la playa (o al campo) CUANDO NO HAYA NADIE, y estás solo ante la Creación y la observas y la sientes, sin prisa, sin pensar, sólo mirar….durante horas incluso, (no existe el tiempo en esta dimensión a la que me refiero y estoy conociendo), …si te entregas de verdad a la contemplación, sientes cosas que no se pueden explicar. Es como pertenecer a “algo”, es lo más parecido que se me ocurre, pero algo que no es tu dueño, sino que sientes la suerte de pertenecer a ello, de formar parte.

Parezco una loca pero me da igual porque lo parezco continuamente….así que sigo.

Se me han “abierto” sentidos nuevos. Veo y oigo distinto. Ya no es algo mental, sino sensorial. Veo cosas que antes no veía y oigo cosas que antes no oía. Es la verdad. Por ejemplo, oigo los pájaros. Nunca los había oído. Y ahora no sólo los oigo, sino que me pregunto dónde estarán, qué pájaro será, si ha venido por ser primavera…no sé, cosas que antes me pasaban desapercibidas totalmente y ahora me hacen feliz.

Y cómo no, mis amados gatos. Eso sí que ha sido un descubrimiento. En el momento en el que estoy no me imagino la vida sin ellos, ni entiendo cómo me he podido perder durante toda mi vida este AMOR.

Ya he hablado muchas veces de ellos, pero es que es maravilloso darme cuenta de cómo “me buscaron”. Por lo visto los necesitaba y por supuesto ni lo sabía, como todo, y por eso aparecieron de manera casi milagrosa.

Vinieron a mí, que en mi casa de pequeña siempre hubo animales (gatos también) y yo ni los miraba. Pues ahora los veo.

La relación que tengo con uno de ellos sobre todo también ha hecho que afloren sentidos desconocidos hasta ahora. ¿Cómo me he podido perder todo esto tantos años?….no tiene nada que ver con el amor hacia ningún otro ser. Quiero a muchos “humanos”, pero aun queriéndolos, sé que tienen prejuicios (igual que yo), que les puede sentar mal algo que diga o haga…con una persona, por mucho amor y conexión que haya, siempre tienes que estar “alerta”, con unos más que con otros cómo no….pero con un animal no. No nos juzgan, nos quieren hagamos lo que hagamos. Amor incondicional. Ojalá los humanos estuviésemos tan evolucionados como ellos en miles de aspectos.

Pues eso, que ahora quiero hasta a los árboles, y los miro. Y me pregunto cuántos años tendrán y de qué habrán sido testigos………a ver si llega la primavera de verdad por fin, que me apetece mucho ir a andar con mi queridísma amiga/hermana Lali….por la orilla del río, yo respirando aire puro y ella “pelusas” (el polen, que le arruina los paseos).

Quizá escriba menos hasta que me de el siguiente “brote”, o tenga ganas de contar algo, como ahora.

Porque expresar lo que vas sintiendo, pensando, descubriendo…creo que tiene un punto muy fuerte de terapia. Y parece ser que ahora no lo necesito tanto.

Para qué vamos a engañarnos. Al principio me quería creer que estaba de puta madre (perdón) al poder hacer lo que me diese la gana. Y es verdad, lo estaba pero porque necesitaba descansar, tanto física como mentalmente. Había estirado la goma durante demasiados años hasta que se rompió.

Pero me engañaba un poco a mí misma. Tenía muchas cosas que aceptar y sólo quería ver lo bueno de la situación.

Tenía una “venda” para la parte mala. No la quería ver para no sufrir. Pero hasta que no la he visto – y sentido cual puñalada trapera- no he podido pasar realmente página.

Reconozco que tengo incluso momentos en los que, por ejemplo, me siento “culpable” de que me echaran de un trabajo “socialmente bueno”. A traición. Con mentiras. Intentando robarme, …y aun así me siento culpable. Una vez que acepto que me dolió (no tanto el hecho en sí, sino la actitud de algunas personas que me utilizaron para intentar salvarse ellas aunque al final acabaron cayendo, cómo no, pero no me consuela), pues eso, una vez que lo acepto y reconozco que me ha dolido y que incluso a veces me siento culpable, entonces AVANZO.

Hoy he visto una foto en Facebook de mis antiguos compañeros, algunos a los que tenía cariño de verdad, y me afecta verlos, ver la oficina en la que me he pasado media vida……soy humana. Y fue una putada lo que me hicieron (perdón). Aunque si miro las cicatrices en mis rodillas de la época en la que estuve de baja (eso también influyó en que me echaran), la verdad es que se me pasa un poco. Sí, me caía continuamente. Se me “desconectaba” el cuerpo, del estrés. Unos microsegundos, lo suficiente para caer de rodillas y hacérmelas polvo. Las cicatrices son lecciones y recordatorios.

Ahora empiezo a aceptar “lo malo” y creo que por eso también el universo me regala “nuevos sentidos”. Y menos miedo.

Porque hasta ahora como ya conté una vez, he tenido pesadillas recurrentes en las que me reñían continuamente jefes imaginarios o conocidos, amigos, familiares……..pues ahora en mis sueños me siguen riñiendo, pero adivina quién…..La Preysler!!!!!!!!!!!!…..sí, sí, os podéis reir porque parece de coña pero llevo como tres o cuatro sueños en los que me riñe la Preysler. Muy profundo. Me lo voy a tener que mirar.

En realidad me da igual lo que me dijera un psicólogo si fuese (es más, sé lo que me diría). Sólo me vale lo que experimente yo y mi interpretación. Y lo veo como un gran avance, tiene mucho más glamour que te riña la Preysler a que te riña un mameluco con ínfulas, no??

Es el primer paso, ahora ya sólo queda que no me riña nadie en sueños………De momento, gracias por mis “nuevos sentidos”.

Día 74: Del síndrome de abstinencia al de Estocolmo.

Las primeras 24 horas como que son cruciales. Luego ya pasas a otra fase.

LLevo 2 días sin móvil y ya casi que no lo quiero. Asceta ermitaña aislada. Y me está empezando a gustar la situación, aunque seguramente sea una sensación producto del trauma vivido.

La cronología es más o menos así:

En cuanto te das cuenta de que no funciona maldices en arameo durante un rato pero sin más, mientras reinicias, cargas, descargas, le das a todos los botones a al vez, si se puede le quitas la batería..

Luego es cuando empieza a cundir el pánico, al ver que no reacciona. Te vas a la caja de los “móviles viejunos por si acaso”, y te sientas en el suelo rodeado de 7 u 8 maulas del plesitoceno mientras en tu fuero interno sabes que no va a funcionar ninguno, por algo cambiaste de móvil en su día, pero inasequible al desaliento, pruebas todas las combinaciones posibles, sacas la SIM, la SD, ya no te acuerdas ni de cómo se abrían, encima hay que cargarlos…tengo cargadores viejunos también?…algunos les vale el cargador estándar, menos mal, pero qué más da….después de 2 horas acabas agotado, con un dolor de espalda de 3 pares de narices y totalmente vencido.

Bueno, “pues ya si eso voy mañana a la tienda a que me lo miren”. Mientras, voy aaaa…QUÉ, VENGA, DILO, QUE VAS A HACER???..

“Pues voy a ver la tele un rato”…siiiiii????…pues nada hombre, mira a ver qué ponen.

Haces el gesto de coger el móvil para mirar la app de la Guía TV…..mierda.

“Bueno, voy a ver una serie en Netflix” en la tele, que para algo tengo una tele más inteligente que yo y cuyo mando es……..el móvil.

“Mamáaaaaaa, socooooorrooo”….necesito llamar a mi madre para contarle mis penas. No me coge el fijo, ya la llamo al móv……..no me sé el número, ni el suyo ni el de nadie.

“Mira, voy a jugar al Candy Crush, que mientras juego no pienso”, ….anda, qué bien, si tampoco puedo.

“Pues me pongo una meditación guiada para tranquilizarme, o música”………..ingenuaaaaaaaa, dónde lo tienes todo????

“El email”..tampoco.

LLegados a este punto te da el síndrome de abstinencia. Estoy totalmente aislada, incomunicada.

Voy a coger el ordenador. Lo enciendo y pone “Escribiendo características. 100% completado. No apague el ordenador”. Quéeee????…es de coña, ese mensaje no lo he visto en mi vida, no puede ser…

Pues sí que puede ser porque pasa media hora y ahí sigue. Parece que las tecnologías  se están riendo de mí. Pero si yo no dependo de nada ni de nadie….no puede ser que esto me esté llevando al paroxismo. Mejor me duermo. Voy a poner la alarma………….QUE ALARMA, LA DEL MOVIL????…A tomar por saco, no os necesito aparatejos del demonio.

Me despierta un zumbido surrealista en vez de los pajarillos habituales. Qué desagradable, no sé cómo me he podido pasar media vida despertándome así.

Bueno, iré a la tienda y se acabó la pesadilla. Voy a ver las noticias mientras desayuno…aaahh, que tengo que poner la tele, pero no hay noticias, hay Ana Rosa o Susana. Yo quiero noticias “normales”. Leer el periódico online.

Y todo esto haciendo el gesto de coger el móvil y mirar la pantalla negra cada 10 minutos, que por lo que se ve lo debo hacer compulsiva e inconscientemente y no lo sabía.

Me voy a la calle, cómo llueve, el día acompaña. Bueno, llego a la tienda, me hacen un duplicado de tarjeta porque parecía que era la tarjeta y no el móvil, una buena noticia.

Pago el duplicado..y no es la tarjeta, no sabemos que le pasa. Bueno, pues devuélveme mis 5 euros. Nooooo, que ya “hemos gestionado el cambio, el trabajo ya está hecho”. Tu linda madre en patinete es la que ha hecho el trabajo….pero me contengo, estoy agotada, no tengo ganas de discutir por 5 euros. Raro en mi. Me roban y me da igual. Me estoy volviendo “demasiado pacífica”. Pero la chiquita me dice, “no te preocupes, que aqui en frente hay una tienda de chinos y ellos seguro que saben arreglarlo”.  Lo mejor es que ni siquiera es cinismo. Si lo fuera, me haría hasta gracia. Nooooooooooo….es la vida real, el mundo funciona así. Genial, adaptémonos. Aceptación.

…….Bueno, se lo dejo al chino un día porque “tiene que investigar” y por fin ya tengo el móvil. Pero es que ya casi que ni lo quiero. He pasado del síndrome de abstinencia al de Estocolmo. Como que voy de parte de mi captor, que era un virus. Ya no me apetece ni el wassap, ni el correo, ni que me suene el móvil, ni comunicarme con nadie………quiero seguir secuestrada tecnológicamente.

He ganado otra prueba al Universo. Sobreviví. Y sin llorar ni maldecir ni nada (bueno el primer minuto si que maldije un poco…). Pero ya me he enterado de que soy una adicta, Universo, ya no me hacen falta más pruebas si eso…..

Lo del sídrome de Estocolmo se me pasó a la media hora lógicamente, y luego a configurar  cual posesa. Que el puñetero virus lo borró todo. Por cierto, me entró después de meterme en la web de Hacienda y descargarme una notificación…..ironías del destino…decía “esta página no es segura, desea continuar????”…..Nooooo, si te parece no continúo y  no me descargo la notificación, puedo vivir sin saber lo que Hacienda tiene que decirme, manda huevos…

Bueno, pues nada, agotada me ha dejado el episodio. Hay que ver la dependencia que tenemos de algunas cosas habituales en nuestra vida y no somos ni un poco conscientes hasta que nos las quitan un rato. Esa es la lección, y como ya la he aprendido, creo, me he autorregalado unos bombones para celebrarlo.