Día 57:Hoy se me ha roto la caldera y una muela a la vez.

La señora X, como cada mañana, aprovechando que su marido acababa de salir, decidió abrir la ventana para que la luz y el aire de la mañana renovaran la atmósfera de su dormitorio conyugal. Pero, al acercarse, la imagen que vio a través de los cristales la dejó helada. Temiendo lo peor, decidió acudir sin más dilación a la consulta del Doctor Jung, donde se estaba tratando su marido.

El psiquiatra y psicoterapeuta Carl Gustav Jung,tenía como paciente por aquellos tiempos al señor X, y del que no quiso revelar su nombre por respeto a su privacidad. Sólo estaba aquejado de una leve dolencia emocional; no obstante, unos días antes, le había recomendado que visitara a su médico de cabecera porque se había quejado de molestias en el tórax y la garganta. La señora X, ya en su consulta, con un marcado tono de angustia en su rostro le preguntó si la salud de su esposo corría grave peligro. Jung, cariñosamente, intentó tranquilizarla al tiempo que le preguntó por el motivo de tanta preocupación. Y la respuesta de la mujer le llenó de curiosidad.

Ella le contó que esa mañana había visto una bandada de pájaros posada sobre el alféizar de su ventana. Lo mismo le había ocurrido justo antes de la muerte tanto de su abuelo y como de su padre, y ella lo interpretaba como una señal de luto inminente. Al poco tiempo, Jung supo que el señor X había muerto repentinamente por una lesión cardiaca, y decidió prestar atención a este fenómeno. Se dio cuenta de que este tipo de presagio personal de la señora X había sido acertado tres veces consecutivas, y empezó a preguntarse si este fenómeno tenía lógica. Jung partió de dos premisas:

1.- La llegada de una bandada de pájaros no causa la muerte de ningún ser humano.

2.- La muerte de un ser humano no atrae bandadas de pájaros.

Como le fue imposible dar una hipótesis de una relación causa-efecto entre los dos fenómenos, intentó identificar un tipo diferente de relación. A lo largo de sus propias observaciones, consiguió individualizarlo como una especie de vínculo, escondido a la atención normal de la mayoría de la gente. Y lo llamó coincidencia significativa o sincronismo. A partir de ahí desarrolló su teoría de la sincronicidad, que puede definirse entonces como una coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicado algo más que el puro azar. Dicho de otra manera, sería una coincidencia en el tiempo de dos o más acontecimientos, que no estarían producidos por la misma causa, pero que tienen el mismo o similar significado. Sin embargo, este significado sólo es comprendido por la persona que lo experimenta, y quien lo percibe y le presta atención suele sentir una extraña relación entre su universo interior y el exterior. Aunque, bien es verdad, que no todo el mundo le presta atención a estas coincidencias.

¿A quién no le ha pasado estar hablando o pensando en algo y, de repente, se les aparece de frente algo o alguien que tenga que ver con ello?. Pues eso es la sincronicidad.

No obstante, hay mucha gente a lo que esto le parece una tontería, como a otra paciente de la que nos habla el mismo Jung, una joven con una mentalidad muy racional con la que le costaba progresar en el tratamiento, porque se resistía a asimilar ciertas ideas que le proponía él:

“Una joven paciente soñó, en un momento decisivo de su tratamiento, que le regalaban un escarabajo de oro. Mientras ella me contaba el sueño yo estaba sentado de espaldas a la ventana cerrada. De repente, oí detrás de mí un ruido como si algo golpeara suavemente la ventana. Me di media vuelta y vi fuera un insecto volador que chocaba contra la ventana. Abrí la ventana y lo cacé al vuelo.”

Era un escarabajo dorado que inmediatamente entregó a la paciente, la cual, ante lo insólito del acontecimiento, comenzó a percibir el mundo de otra manera. Lo curioso es que para los antiguos egipcios, el dios Khefri, representado como un escarabajo, es una figura arquetípica relacionada con la transformación del individuo.

Jung, además, se dio cuenta que las sincronicidades ocurrían más a menudo en períodos de cambios en la vida de las personas, como señales o mensajes en los que el sujeto percibe estar conectado a una realidad superior que engloba la suya propia. Esta realidad es la energía cósmica. La física corrobora este principio: somos un microcosmos dentro de un macrocosmos. Los elementos que forman los astros más lejanos son los mismos que forman todas y cada una de las células de nuestro cuerpo. Del mismo modo,nuestra energía y la energía cósmica son una misma cosa.

Pues lo que Jung y otros investigadores contemporáneos han intentado explicar de forma coherente con el método científico, es lo que la espiritualidad tradicional ya tenía claro desde la noche de los tiempos.

La energía cósmica no es otra cosa que el Pranah de los hindúes, el Ka de los egipcios, el Qi de los chinos o los “ríos de agua viva” de los que habla San Juan Evangelista.

Visto esto, nos cabe preguntarnos por el motivo mismo de la existencia de la sincronicidad. Albert Einstein, al hablarnos de un Universo en el que el espacio y el tiempo son flexibles, nos da una pista sobre la explicación a este fenómeno. Cuando golpeamos una bola en una mesa de billar, desencadenamos una sucesión de rebotes entre unas bolas y otras, de tal modo que podemos llegar a recibir unos segundos después la misma bola que hemos impulsado. Igualmente, en un Universo de espacio y tiempo flexibles, donde la energía es una misma en todos los rincones, y donde nuestra mente y la Mente Universal son también la misma cosa, cualquier pensamiento que generemos con un significado concreto nos traerá, de rebote, una experiencia relacionada con ese mismo significado.

Desde que he empezado a meditar lo noto todavía más. Cuando la mente se libera de las cadenas del racionalismo y se abre al flujo de la energía cósmica, las sincronicidades se multiplican en mi vida, aunque lo de la caldera y la muela espero que no tengan nada que ver entre sí🙄. Dos “guarradas” simultáneas simplemente, creo, con la única misión de hacerme reflexionar sobre la sincronicidad y las casualidades pero que me llevan a la pregunta del millón: ¿podemos generar una nueva realidad cotidiana, y no sólo individual sino también colectiva, cambiando nuestra manera de pensar?.

Autor: lentatiana

"La felicidad está en que lo que piensas,lo que dices y lo que haces se encuentren en armonia". Mahatma Gandhi. MI PROPOSITO ES INTENTARLO ESTE 2018 Y DOCUMENTAR LA EXPERIENCIA, de eso va este blog.

3 comentarios en “Día 57:Hoy se me ha roto la caldera y una muela a la vez.”

  1. Siguiendo un poco a Jung, en lo que el llama el Inconsciente Colectivo, especie de nube etérea donde están todos los pensamientos y vivencias de todos los seres habitables y sus arquetipos, nosotros accedemos a él, de diferentes formas y surgen nuestros pensamientos. Hay una masa crítica, que cuando la sobrepasamos, empiezan las modas, los descubrimientos y todas estas cosas… el enésimo mono… ejemplo del reino animal. ya me contaras.. Tu exposición…como siempre genial.

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