Día 55: Kafka y la muñeca.

Cuenta la anécdota que poco antes de su muerte, y en uno de sus habituales paseos por el parque de Steglitz de Berlín, Franz Kafka se encontró con una niña que lloraba desconsoladamente.

Un ser tan sensible como Kafka, lógicamente no pudo evitar preguntarle el motivo de sus lágrimas, a lo que ella le contestó que su muñeca había desparecido y no conseguía encontrarla.

“Tu muñeca no está perdida, sino de viaje alrededor del mundo”. La niña le pregunta que cómo lo sabe y él responde que porque es un “cartero de muñecas, especializado en llevar las cartas de las muñecas viajeras del mundo”. Y no sólo eso, sino que emplaza a la niña para el día siguiente en el parque, y le promete que le llevará una carta.

A partir de ese momento, Kafka se dedicó durante 3 semanas a llevarle a la niña las cartas de su mueñca, en la que le contaba sus aventuras por muchas ciudades, lo que iba descubriendo, y leídas por el propio escritor, lo que todavía hacía más ilusión a la niña.

En la última carta, la muñeca le decía: “comprenderás que en el futuro tendremos que renunciar a volver a vernos”.

Pero ya daba igual, porque la niña, HABÍA CAMBIADO Y ERA OTRA, y no le fue nada difícil tolerar su pérdida.

En realidad, la misteriosa niña nunca se dio a conocer, por lo que no se sabe si fue real o uno de los delirios del autor. ¿Pero acaso importa?

Según lo contado por Dora Diamant (mujer de Kafka), él se tomó esa actividad con la misma intensidad que sus otras obras, porque consideraba que aquella niña había aparecido en su vida por algo, y que su misión era preservarla de la decepción costase lo que costase. Y lo consiguió.

Que sea imaginación del escritor o real, me da igual, las 2 opciones me parecen mágicas.

Parece más probable lo primero, ya que la anécdota es muy “kafkiana”, muy afín a su personalidad y a lo que les sucede a sus personajes, muy a menudo enfrentados a situaciones absurdas que los embargan en sentimientos de culpa, para poder descubrir al final, un conflicto vital subyacente y resolverlo. En este caso, sería aprender a superar la pérdida.

El mismo Franz Kafka, era una persona obsesiva y profundamente desilusionada con su trabajo en una compañía de seguros. Me suena la historia. El pobre lo tuvo que pasar fatal , no me extraña que el existencialismo se apoderase de él.

Todos y cada uno de los días de su vida sintiendo que la estás desperdiciando…pero allí siguió sin hacer cambios, y gracias a ello tenemos su magnífica obra. Era su manera de desahogarse, y, si lo piensas egoístamente, el que se expresase así en vez de intentar cambiar su vida nos vino muy bien a la humanidad, o por lo menos a la parte de la humanidad que tenemos alguna inquietud.

Yo, por ejemplo, estoy ahora en un momento “kafkiano”(adjetivo que no existiría si no fuese por él , claro). Me doy cuenta perfectamente, cuando me miro desde fuera, parezco un aspirador de libros, vídeos…..información excesiva, lo reconozco, estoy un poco compulsiva. Es gracioso, pero en lo que pretendo conseguir no valen los atajos ni la rapidez, por mucho que me entre la “compulsividad espiritual”. Bueno, a esto le dedicaré otro post porque tiene miga y Kafka no se merece que me salga del tema.

Y ahora voy a considerar la segunda y opción, que fuese una historia real.

Esta posibilidad es todavía más mágica que la primera. La idea de que a una persona atormentada por las preguntas y sus posibles respuestas, se le presente la oportunidad en forma de niña desconsolada, de resolver un conflicto vital tan gordo y habitual como es la PÉRDIDA….uuuuffff….son palabras mayores.

La relación que se establece entre un niño y su juguete favorito es algo inexplicable; se crea un lazo tan profundo y que no tiene nada que ver con su valor económico.

Todavía me acuerdo de una vez en la playa, con mi hijo que tendría 2 ó 3 años. Estaba jugando con su monstruo favorito que tenía 4 brazos, parece que estoy viendo cómo se lo llevó una ola y la cara de horror de mi hijo. Esa cara no la olvidaré jamás en la vida. Encima ni lloró ni se quejó porque yo ya le había advertido de que no jugase tan cerca del mar. Pues hoy, 15 años después, él todavía se acuerda, tal era la conexión que tenía con el muñeco.

Hay incluso quien opina que existe una especie de “contrato” entre un niño y su juguete.

Es como un soporte para unir la realidad con el mundo mágico del niño, lo verosímil y la fantasía.

Así que la historia puede ser realidad o ficción, pero desde luego NO ES CASUAL, ya que Kafka fue el gran descubridor de los signos, lo que llamaríamos “señales” ahora en nuestra época y tan de moda últimamente.

Tenía la sensibilidad y la compasión suficientes para ello.

Autor: lentatiana

"La felicidad está en que lo que piensas,lo que dices y lo que haces se encuentren en armonia". Mahatma Gandhi. MI PROPOSITO ES INTENTARLO ESTE 2018 Y DOCUMENTAR LA EXPERIENCIA, de eso va este blog.

2 comentarios en “Día 55: Kafka y la muñeca.”

  1. la vida es mágica, respirar es magia, sentir es magia, los niños son seres mágicos por no decir seres mitológicos que simbolizaban la huida, nos hacemos mayores y la magia desaparece, tenemos que hacer que continúe… Kafka sin palabras… la vida parece real… despertad del sueño… vive y vive …abre lo ojos… perdona que me repita…tus palabras tienen magia…

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